miércoles, 29 de marzo de 2017

Paren la tierra que me quiero bajar.

Aunque parezca increíble, aún hay personas que creen que la tierra es plana y que el sol se mueve a su alrededor. Grupos religiosos que interpretan literalmente la Biblia han creado movimientos en redes sociales para difundir este mensaje, e inclusive algunos pastores en Estados Unidos y otros países trabajan desde el púlpito y a través de un intenso lobby para reformar los programas educativos de las escuelas públicas, adelantando lo que se conoce como la agenda creacionista.

Para quien no haya tenido la posibilidad de ver a estos personajes, aquí les dejo algunos ejemplos:


https://www.youtube.com/watch?v=2obOx-_ahv4 que incluye pruebas matemáticas, obviamente manipuladas.


https://www.youtube.com/watch?v=G_b1l5esyak ¡donde supuestamente Donald Trump reconoce que la tierra es plana! Muy divertido.

No creo que valga la pena refutar todos estos argumentos conspiranoides, así como los que hablan de que no llegamos a la luna o que todos los avances tecnológicos son parte del camino a un nuevo orden mundial. Pero, me pareció una introducción interesante y divertida para hablar de otro tema que hace arrugarse a los creacionistas y terraplanistas.

La tierra no solo es redonda, sino que además se mueve. Tiene varios movimientos, que sumados nos hacen viajar por el universo a una velocidad increíble:

La velocidad de rotación de la tierra, es decir, la velocidad con que gira sobre su eje es de 1.600 km/h. Es decir, una persona parada sobre la línea del Ecuador viaja a esa velocidad sin siquiera mover sus pies, ya que es parte de este planeta.

El otro movimiento que conocemos desde el colegio es el movimiento de traslación, que es el giro que hace la tierra alrededor del sol durante un lapso de tiempo que hemos llamado año. La velocidad del movimiento de traslación es de 107.228 km/h. Nuevamente, como nosotros viajamos como pasajeros de este pequeño planeta, nos movemos con él a esa misma velocidad.  

Ahora bien, hay un movimiento adicional que es el del sol alrededor del centro de la galaxia. Recordemos que nuestra galaxia tiene forma espiral y que el sol está en uno de sus brazos, hacia el exterior de la misma. Esto significa que el sol y todos los planetas que lo orbitan giran y se mueven internamente dentro de la galaxia a una velocidad que ha sido calculada en 700.000 km/h. El 15 de febrero de 2017 la Universidad de Toronto actualizó esta velocidad y presentó un nuevo cálculo que la sitúa en 864.000 km/h.

Por último, si ustedes recuerdan la teoría del big bang, el universo se formó a partir de una explosión y toda la materia se está alejando del centro. Esto significa que la galaxia, en su totalidad, además de rotar sobre su eje también se traslada, alejándose del centro del universo. La velocidad con que lo hace es nada más y nada menos que 2,5 millones km/h.

Para que tengamos un punto de comparación, la velocidad del sonido en el aire es de 1.235 km/h y la de la luz en el vacío es de 1.000 millones km/h. El record de velocidad de un avión de combate está cerca a mach 7, es decir, 7 veces la velocidad del sonido, muy lejos de la velocidad de traslación del planeta y ni que decir sobre la galaxia.

Algún ingeniero podría hacer el ejercicio de sumar las velocidades, teniendo en cuenta que debe ser suma vectorial por la diferencia de direcciones, para tener una velocidad final de movimiento de nuestro planeta, y con él, la velocidad con se nos movemos cada uno de nosotros en este momento. Pero, aunque sería un ejercicio de exactitud, para mí el dato de los 2.500.000 km/h a que me muevo por el universo es de por sí alucinante.


Así que, no solamente viajamos en una pequeña y minúscula esfera, son que además lo hacemos a una velocidad que produce vértigo. Y adicionen que cada vez encontramos con más frecuencia planetas donde podría haber vida. Insisto, nuestro mundo es mágico, nuestra vida es un milagro. Aun no entiendo como hay quienes se aburren en su día a día por falta de emociones.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Boicot a los productos de Estados Unidos

Las declaraciones de Donald Trump respecto a la construcción del muro en la frontera mexicana han generado todo tipo de reacciones, no solo por el tema de derechos humanos o la simple ética que nos debería regir como humanidad, sino porque además pretende cobrarlo a los mexicanos por las malas, a punta de impuestos y aranceles a sus productos.
Una de las reacciones obvias y más rápidas es llamar a la acción de los ciudadanos mediante hechos concretos y no violentos. Así que, la propuesta es hacer un boicot a los productos de Estados Unidos. No consumir más café en Starbucks, ni hamburguesas en McDonalds o Burger King, o apagar el DirecTv. Parecería sencillo, pero...
Tomemos las cifras del mercado colombiano, aunque sea de una forma superficial para hacernos una rápida idea de lo que estamos hablando.
Estados Unidos es el principal cliente de Colombia, con el 30% de las exportaciones. También es nuestro principal proveedor, con una participación también del 30%, aunque con un valor nominal un 50% más alta debido al deficit de la balanza comercial. Importamos de Estados Unidos cerca de 16.000 millones de dólares que van a la industria manufacturera y comercial.
Con seguridad quienes han preferido importar de Estados Unidos y no de China o Europa lo hacen por tres razones posibles:
1. Porque el destino son empresas que fabrican por licencia o que requieren una tecnología específica.
2. Porque el precio es más competitivo.
3. Porque estamos pagando la operación comercial de marcas y productos de Estados Unidos.
Así que un boicot contra los productos estadounidenses sería posible, pero tendría fuertes repercusiones en nuestra propia economía:
Si dejamos de consumir café en Starbucks, hamburguesas en McDonalds o Burger King, cancelar la suscripción de Directv o no comprar marcas de ropa como Tommy Hilfiger, estaremos afectando las exportaciones de Estados Unidos en un porcentaje muy bajo, pero estaremos afectando gravemente a las personas que trabajan en esas empresas, que son colombianos, además de aquellos que han invertido su capital en traer algunas de esas marcas como franquicia o representación.
En el caso de Directv por ejemplo, es una empresa que puede tener algo más de 1.000 personas directas e indirectas (piensen en el servicio técnico e instalaciones) además de los 3.500 que trabajan en el call center que atiende a Colombia y otros países hispanos. ¿Cuantos podrían perder su trabajo si cancelamos nuestras suscripciones? ¿Cuanto tiempo podría soportar McDonalds o Starbucks sin cerrar sus locales cuando el flujo de consumidores baje en un 30% o 50% u 80%? ¿Cuantos empleos perderíamos? ¿Cuantos impuestos dejaría de recibir el país?
Nuestra economía es una economía global. Todos los negocios están conectados de una u otra forma, en un frágil equilibrio. Si Tommy Hilfiger cierra su operación en América Latina debe bajar su producción, que con seguridad es en China, lo cual afectará a la economía China que su vez deberá bajar la compra de materias primas al país que le provee las telas y otros insumos. Y Tommy en Estados Unidos tendrá que reducir algunos cargos para ajustar sus finanzas, lo cual generará desempleo y bajará el consumo interno. Y así con cada una de las empresas que se vea afectada por el boicot. Pero, a la larga la baja de consumo en varios países generará que esas empresas se contagian para sobrevivir, generando desempleo que a su vez contrae el consumo y, en poco tiempo, podemos tener una contracción de la economía global o inclusive iniciar una crisis económica de grandes proporciones. Porque, además de los hechos medibles y reales están las reacciones que se generan en las personas por el simple miedo y la incertidumbre.
Los economistas tienen muchas teorías al respecto y hay diferentes modelos para encarar el tema. Pareciera que Trump no consulta a los suyos, o cree que debe desintegrar la economía global para lograr aislar a Estados Unidos y obligar a sus industriales y comerciantes a producir todo internamente sin dimensional que tendrán que restringirse al mercado local. Está actuando como cuando toma las decisiones viscerales e instintivas con que ha manejado sus negocios, y que si bien le han dado una importante riqueza personal no han beneficiado a quienes trabajaban para él o a quienes se hundieron en medio de sus quiebras.
Esperemos que la presión de las empresas de todo el mundo sea suficiente para que Trump pierda la fuerza necesaria para impulsar sus reformas. Por lo poco que se conoce del presidente es de esperarse que no cambie sus planes, pero si se puede lograr que la oposición en el Senado crezca lo suficiente como para dificultarlas o inclusive se logre generar el impeachment. Necesitamos unir nuestras fuerzas, pedirle a nuestros presidentes que se pronuncien y formen un bloque para defender los intereses latinoamericanos. Necesitamos vías de presión, pero igual debemos pensar muy bien antes de tomar vías de hecho. Ojalá las circunstancias no nos lleven a ese extremo.
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Datos de interés:
- El muro que planea construir Trump en la frontera con México tiene un costo estimado de $ 20.000 millones de dólares. Con unas importaciones de  $ 290.000 millones deberán ponerle un arancel del 10% a todos los productos para recuperar el valor del muro en un año. El problema es si ese sobrecosto no le restará competitividad a esos productos y para bajar notoriamente la cifra.
- Trump quiere aumentar la inversión militar en $ 400.000 millones de dólares en 5 años. ¿Busca favorecer a la industria o va a retomar una carera armamentista con fines específicos? ¿No sería mejor continuar las políticas de desarme global e invertir en mejorar las condiciones de vida de millones de personas?
Ves estos y otros planes de Trump y los republicanos en:
http://cnnespanol.cnn.com/2017/01/31/los-planes-de-trump-y-los-republicanos-costaran-billones-podran-pagarlos/ 

miércoles, 25 de enero de 2017

De toros y otras matanzas.

Por cortesía de una amiga que gusta de la tauromaquia, estoy tratando de aprender y entender el arte del toreo y, por mi parte, de explicarle a ella y sus seguidores mis argumentos en contra del maltrato a los animales. Trataré aquí de esbozar los argumentos de las dos partes, para que cada quien llegue a las conclusiones que considere adecuadas.

La primera afirmación es que es una expresión artística y cultural, que hace parte del patrimonio de los pueblos Iberoamericanos y que debería hacer parte del patrimonio inmaterial de la humanidad. Es cierto, es una tradición que nació en el siglo XII en España y que se extendió a Portugal y a varios países de influencia española en América. Si bien sus orígenes se remontan a ritos iniciáticos de la edad de bronce y en la Roma antigua hubo practicas similares en el coliseo, es en la edad media cuando comienza a configurarse la tauromaquia con el lanceo de toros. En sus inicios fue un espectáculo en el cual los nobles demostraban su valentía castigando y matando al toro, para transformarse después en el arte actual, cuando los criadores de ganado vacuno en el siglo XVI perfeccionaron los lances y las piruetas en el manejo de los toros.

El hecho de que sea una expresión artística no significa que debe preservarse en la forma actual. Bien puede evolucionar hacia formas que mantengan la elegancia del capoteo y el rejoneo sin lastimar al toro. No por la falta de sangre en el ruedo tiene que disminuir su valor artístico, como se ha visto en las corridas en Portugal donde no se sacrifica al toro. Porque, siendo así el argumento, ¿deberíamos rescatar la muerte de cristianos en el circo romano que en su momento se consideró un espectáculo artístico y cultural? ¿O la lucha de gladiadores? ¿Son los taurófilos partidarios de llevar los juegos del hambre a la realidad?

El otro argumento con el que pretenden tocar la conciencia de los animalistas es que gracias a la fiesta brava la raza de los toros de lidia existe, y que si esta se perdiera ya no tendría sentido criarlos y desaparecerían. En primer lugar, no necesariamente tienen que desaparecer los toros de lidia. Si implementamos la lidia portuguesa, se necesitan los toros. Si se prohibe del todo, se pueden seguir criando para zoológicos y parques naturalistas. Inclusive se pueden utilizar para fertilizar vacas en criaderos que no utilizan la inseminación artificial, y hasta se pueden tener estos toros con el fin de tener el semen necesario para inseminar a las vacas. Es decir, se perdería el objetivo de la lidia en los toros, pero no tendrían porque desaparecer los toros como especie. Lo que si desaparecería sería el negocio especifico de producir animales con las características de peso, tamaño y personalidad para la lidia, pero los intereses económicos no deberían definir el maltrato al que se somete a una especie.

El cuarto argumento con el que buscan remover ya la conciencia de todos haciéndonos compartir otras culpas, es el de la forma en que sufren y mueren los animales en el matadero. Hay que reconocer que es muy poca la información que tenemos el común de las personas sobre la forma en que se cría el ganado de engorde y consumo. Pero, por difícil que suene, una cosa es criar ganado para el consumo y otra para hacerlo sufrir y verlo morir en fiestas, simplemente para el disfrute de unas cuantas personas. Estoy de acuerdo en que las condiciones de crianza y explotación del ganado de consumo son deplorables y los estudios demuestran que estamos sometiendo a los animales a un sufrimiento al no permitirles desarrollar sus necesidades instintivas. Destetamos las crías mucho antes de lo debido y las madres las mantenemos en ciclos reproductivos que no les permiten recuperarse entre una camada y otra, hasta sacrificarlas para su consumo. Esta práctica ha llevado a muchos a rechazar el consumo de productos de origen animal, pero lo cierto aunque lamentable es que el ser humano necesita las proteínas animales para asegurarse un desarrollo adecuado y el exceso de población nos obliga a criar animales de forma industrial para poder garantizar la nutrición adecuada. Pero de allí a equiparar la muerte de las vacas en el matadero a la muerte de un toro en una plaza de toros creo que hay una diferencia muy grande. El simple hecho del placer que genera el maltrato y de la euforia que genera el sufrimiento ya denota un comportamiento poco compasivo.

Por último está el argumento del derecho de las minorías. Una minoría de personas que ven en la tauromaquia una expresión artística y cultural tiene derecho a desarrollar su gusto. Puede ser cierto, pero entonces lo primero es no utilizar para ello los recursos públicos. Deberían hacerlo en espacios privados, cerrados y aportando sus propios recursos. Además, hay un punto de alto riesgo en este argumento y es que si respetamos los derechos de los taurófilos deberemos respetar los derechos de otras minorías que pedirán los propios. Esto podría significar la legalización de las peleas de perros, o las peleas de perros contra toros o contra osos que también fueron populares en la Europa del siglo XVI. Inclusive, no faltarán quienes pidan retomar las peleas de gladiadores, para las cuales podríamos utilizar las mismas plazas de toros. Podría ser un recurso interesante para dirimir diferencias entre grupos sociales o étnicos, pero me preocupa las repercusiones éticas de este tipo de prácticas.

Insisto en que personalmente no estoy de acuerdo con hacer sufrir a un animal para el deleite de las personas. Es posible que el placer no esté en la muerte del toro sino en el arte del toreo, pero entonces lo que esto significa es que podemos evolucionar a un espectáculo que no incluya el sufrimiento, como lo hay en Portugal y como quedó legislado en Ecuador en el plebiscito de 2011. Creo que es el momento adecuado para que los partidarios del toreo busquen cambiar la práctica, antes de que la presión social la lleve a su desaparición forzada. Si es una forma de arte, al menos que sea una forma de arte que comulgue con la naturaleza y no una expresión de nuestro sadismo como raza depredadora.







miércoles, 18 de enero de 2017

Facebook o la caverna de Platón.

Todos recordamos de nuestro paso por el colegio la alegoría de la caverna de Platón: Hay una caverna, narra en boca de Sócrates, con unos prisioneros encadenados mirando sus propias sombras proyectadas en un muro, tras ellos el fuego cuya luz genera esas sombras y, después de un largo corredor, la salida de la caverna, al encuentro del sol que proyecta la luz verdadera sobre las cosas. Los hombres perciben como reales esas sombras que ven sobre el muro, sin poder reconocer su propia realidad:  "no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados" dice Sócrates en el diálogo.

Dejando atrás los análisis ontológicos y políticos de esta alegoría, nos encontramos con un texto que hoy en día pareciera ser profético, si no apocalíptico.

Los seres humanos hoy en día vivimos sumidos en la caverna de lo virtual, de lo digital. Esta inició con los medios de comunicación masivos en los años 50 y la tecnología permitió que esos medios se diversificaran y se volvieran omnipresentes. Internet y su conectividad rompieron todos los límites espaciales y temporales y crearon un mundo realmente globalizado, transformando nuestra realidad. Y esa nueva realidad ha sido tan sobrecogedora y angustiante que de forma voluntaria nos metimos en la caverna, nos encadenamos y preferimos vivir en el mundo de las sombras que se proyectan en el muro de Facebook.

Hablar solo de Facebook es simplificar las cosas, pero indudablemente es la principal de las redes sociales. En Facebook validamos nuestra existencia, porque es allí en donde el otro nos aprueba con sus likes, reconoce nuestros logros, comparte nuestras penas y se alegra públicamente con nosotros cuando estamos felices aunque en el fondo lo carcoma la envidia o no sepa quienes somos. Nuestro reconocimiento ya no es el que tenían nuestros abuelos al interior de su círculo de amigos o de su círculo laboral: Nuestro reconocimiento hoy en día se mide por likes o corazones o caritas felices virtuales en un mundo de amigos virtuales y sobre hechos virtuales. 

Porque esa es otra dimensión de nuestra nueva realidad: Vivimos y trabajamos en el mundo real, enfrentando retos reales para lograr cumplir un presupuesto o un cronograma de trabajo o salvarle la vida a un paciente o cualquier otro objetivo. Pero en Facebook publicamos como nos rompe el corazón el problema de los refugiados en Europa, repudiamos el asesinato de una niña en manos de un degenerado o rechazamos el maltrato animal. Un dolor virtual en un mundo virtual que nunca llevaremos al mundo real porque estamos huyendo de esa misma realidad.

Nuestra vida se valida por lo que el otro nos concede en Facebook, en Instagram, en Twiter o en cualquier otra red. ¿Porque los líderes de opinión tiene Twiter si deben recortar sus ideas a 140 caracteres? Todos los grandes columnistas y escritores se han obligado a sí mismos a plasmar lo que les toma una o dos páginas en una sola frase llena de abreviaturas, simplemente porque si no están en Twiter no existen como personas. Y tan es así, que muchos están no solo una vez, en su cuenta oficial, sino varias veces en cuentas falsas que han creado seguidores que creen pensar igual o mejor que sus ídolos.

El otro problema es la inmediatez. Nuestro jóvenes leen ideas de 140 caracteres o máximo pequeñas columnas como esta, aunque en ese caso prefieren escuchar a sus youtubers que son más rápida y divertidos y permiten el ejercicio multitarea: Escuchar el mensaje mientras se ve televisión, o mejor, no entender el mensaje mientras tampoco se entiende lo que se ve en televisión. Pero cada vez son más reacios a leer en detalle y con atención un libro o un artículo de más de una página o inclusive un e-mail de más de dos párrafos. Y la verdad es que los e-mails no los leen ni los jóvenes, ni los viejos, ni los aprendices, ni los grandes ejecutivos. Hay que leer decía un personaje virtual. 

(Donald Trump es un claro ejemplo de una persona que si puede hacer uso adecuado de Twiter sin tener que recortar sus ideas: son tan básicas que 140 caracteres en más que suficiente para expresarlas. Evidentemente hay muchos más).

Los niños de hoy en día viven inmersos en ese mundo digital. Cualquier cosa que ven en You Tube es cierta. Difícilmente podrán diferenciar los hechos históricos reales de los hechos creados por el cine y la televisión. Lo decía alguna vez Humberto Eco en uno de sus escritos: Los jóvenes de hoy no diferencian la realidad de la existencia de Sherlock Holmes de la de Winston Churchill. La realidad de nuestra historia la han conocido más por el cine y la televisión que por el estudio. Algo así como lo que nos puede pasar a nosotros con el Rey Arturo o Jesucristo.

Este mundo virtual es un hecho. Podríamos discutir su alcance, su materialidad, pero es un hecho que vivimos día a día. El punto crucial es: ¿Debemos luchar como los nostálgicos o debemos aceptarlo y construir sobre esta nueva realidad?

La nostalgia nos lleva a oponer resistencia a esta nueva realidad, a imponer reglas, sanciones, manejos que nos permitan tratar de regresar a nuestro mundo que considerábamos más real y más humano. Pero, tal vez el mejor camino sea entender este nuevo mundo virtual, definirlo, asimilarlo y utilizarlo para que a través de sus canales llevemos la información necesaria de una realidad que no deja de existir. No se trata de darles a escoger entre una píldora azul y una roja como tuvo que hacer Neo en The Matrix; se trata de abrir los puentes necesarios para que nuestros hijos conozcan la realidad y entiendan la virtualidad de las redes. La ideal es aprovechar la tecnología, su ubicuidad, su alcance, su democratización del conocimiento.

La nueva habilidad mandatoria es saber como navegar en ese mundo de información y escoger lo necesario, lo real, lo verdadero sin perder el poco tiempo disponible en ello. 

PD: Ese mundo virtual es el que me permite escribir este texto y compartirlo con cientos de personas, y medir su aceptación con los likes que genera en la página de Facebook con la cual lo promociono. Bien lo dice Umberto Eco: "Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos rápidamente eran silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles".




martes, 10 de mayo de 2016

La Feria del Libro: entre el dolor y el placer.

La feria del libro: Entre el dolor y el placer.
(Publicado en LibroTKdigital de El Espectador el 29 de abril de 2016 - http://blogs.elespectador.com/librotkdigital/feria-del-libro-entre-el-dolor-y-el-placer ).
Desde mi infancia he sido un amante de los libros. Así como acumulaba carritos o soldaditos de plástico, acumulaba libros. Mi primer libro grande fue Viaje al centro de la tierra, que me regaló mi tío Alejandro cuando cumplí ocho años y que aun conservo para que mi hija lo lea muy pronto. 
Leí todos los libros clásicos de aventuras para niños y jóvenes. Mi papá se encargó de nutrir mi biblioteca y con ella reforzó mi gusto por los libros. En el colegio teníamos una biblioteca con una gran oferta, además de una sala de lectura en la que solía refugiarme con otros ratones de biblioteca y aspirantes a intelectualoides a leer y escribir. Lo hermoso de esos años de juventud es que la osadía le permite a uno cometer poemas, cuentos y hasta obras de teatro. La valentía de quienes finalmente se convierten en escritores es que logran convertir esa osadía de adolescentes en una urgencia de adultos, y entonces escribir sigue siendo la única salida para sobrevivir; los cobardes nos quedamos con el escape de la lectura. Aquellos años de juventud los pasé entre libros y cuadernos de notas, y en la universidad los adobé con café, cigarrillo y todos los sitios de bohemia a los que podía llegar en La Candelaria. Y por supuesto, en aquella época la panacea del espíritu lector era la feria del libro.
Cuando empecé a ir a las primeras ferias del libro, lo hacía con el bolsillo roto del estudiante. Si tenía para pagar la entrada, era poco lo que quedaba para darse algún gusto. Era la época en que las compras se hacían en los libreros de la 19, donde las segundas eran buenas pero los títulos poco novedosos. Fueron los años de leerse todo Kundera, de ahogarse con asombro en Umberto Eco, y pos supuesto de todos los clásicos latinoamericanos con quienes tratábamos de consolidar nuestra identidad cultural. Era la época en que la biblioteca personal se nutría de las ediciones de bolsillo.
Ir a la Feria del Libro era como ir con cinturón de castidad al paraíso de las 11.000 vírgenes. Tal vez me faltó haberme inmolado previamente para poder acceder a las delicias. Libros de todo tipo, nuevos, de los autores que difícilmente se conseguían en librerías diferentes a la Lerner o la Buchholz. Uno caminaba y caminaba durante el día entre ese enorme laberinto, sin llevar el hilo de Ariadna porque el objetivo era perderse para siempre. 
Después llegaron los años de suficiencia económica. Ya puedo ir a la Feria no solamente a comprar lo que encuentre interesante, sino también comprarle libros a mi hija o a mi esposa. Pero también llegó el tiempo de la selectividad en lecturas, en autores y títulos, y el sinsabor de la decepción porque la Feria no es el lugar para las compras. Nuestra Feria del Libro es, en su mayor parte, una representación de las librerías de cadena que se dedican a las novedades y las ventas masivas, y poco ofrecen de libros de nicho. En la era de las redes sociales vemos pasar títulos y títulos que ofrecen en La casa del libro o en Atenea, y que nunca llegarán a estas latitudes. O en sellos como Crítica, Prometeo, Icaria, Palabras Aladas, Obelisco y cientos más que nadie distribuye en Colombia por su supuesto bajo volumen de ventas. 
Para los lectores la Feria ofrece lo mismo que encontramos en las librerías. La única ventaja es tenerlos a todos en un solo sitio. Eventualmente algunas ofrecen descuentos, pero no son económicamente representativos. Sería muy interesante que invitaran editoriales que no tiene presencia en el país, para que además conozcan el mercado y encuentren distribuidores con los cuales mejoren la oferta editorial en Colombia. 

Para el sector profesional editorial tampoco es una feria relevante. Los invitados profesionales no permiten hacer negocios interesantes como los que se pueden hacer en Frankfurt, Guadalajara o Buenos Aires. No hemos logrado consolidar la nuestra como una feria de interés, tal vez como un reflejo de un mercado cuya demanda no logra crecer al ritmo de muchos otros países.
Finalmente, para la academia tampoco es una Feria que genere espacios de interés. Este año la presencia de Svetlana Aleksiévich generó un interés particular, pero el resto de eventos no movieron el suficiente público para que los expositores sintieran la satisfacción de tener un auditorio respetable. Creo que la estrategia de comunicación debe fortalecerse, pero la generación de espacio y contenidos debe reorientarse. Afortunadamente los países invitados han mejorado mucho en sus propuestas culturales.
Que el principal fenómeno en público haya sido un youtuber, que no es un fenómeno literario sino mediático, deja mucho espacio para reflexionar sobre las propuestas que le estamos haciendo a nuestros jóvenes. Según palabras del mismo Presidente de la Cámara Colombiana del Libro, una situación de afluencia de público como la vivida el fin de semana con Germán Garmedia, solo es comparable a la que se vivió hace varios años con Chespirito. Ya con esa comparación queda todo dicho.
Ojalá la Cámara Colombiana del Libro, los libreros y Corferias renueven la propuesta de la Feria para próximos años: Traer editores que no tiene presencia en el país; tener mayor número de novedades y lanzamientos; promover autores nuevos; promover más a los libreros independientes; jornadas académicas para el público general; que la boleta sea un bono redimible en cualquier stand; y un sinfín de ideas que podrían ayudar a hacer de nuestra feria una jornada más satisfactoria para todos. El que la Feria del Libro sea de las ferias más grandes de Colombia no significa que sea excelente o que no pueda mejorar.